Amor, dolor y Bárbara
Por Daniel Flores Chávez - 30/10/2009 - 2:10 amCine, Espectáculos
El director mexicano, Alfonso Pineda Ulloa, intenta crear una atmósfera hitchcockiana en la cinta Amor, dolor y viceversa, protagonizada por Bárbara Mori, sin embargo, no supera con éxito semejante cumbre, quedándose en el mejor de los casos, como un filme de vuelta de tuerca, “similar a los trabajos del realizador, M. Night Shyamalan”, comentario del productor Billy Rovzar, sobre la obra de Ulloa.
Los 87 minutos que dura el filme resultan confusos, con situaciones forzadas para lograr el efecto sorpresivo de cara al desenlace. De hecho, a la mitad de la trama, el espectador puede suponer cómo terminará este extraño tejido fílmico, en el que abundan elementos oníricos sumamente obvios, carentes de un prisma artístico envolvente.
La intensidad de Mori como la antiheroína de la película, devora por completo a su co-pratogonista, el argentino, Leonardo Sbaraglia, quien aparenta demasiada fragilidad para confrontar a su temible adversaria.
Sí destacan, Marina de Tavira, como la punta del triángulo amoroso que conforma con los sudamericanos (no olvidemos que Bárbara nació en Uruguay), y el feísimo, pero gran actor, Joaquín Cossío, interpretando a un policía con cerebro (algo bastante difícil de lograr en este país).
Amor, dolor y viceversa es pretenciosa, sin embargo, los fans de (¡ah qué) Bárbara Mori (!) saldrán satisfechos luego de ver en la pantalla grande a uno de los rostros más hermosos del cine contemporáneo.
La familia de Myers
El músico y director, Rob Zombie, vuelve a la carga con la saga de Halloween, presentando su segunda entrega, la cual no es un remake del filme de 1981, más bien, es un malogrado intento por refrescar las andanzas del asesino sobrenatural y uno de los personajes más reconocidos del cine de horror, Michael Myers.
Al igual que su antecesora (Halloween de Rob Zombie), ésta carece del elemento sorpresa (y vaya que lo intentó), ni el dinamismo para contar una historia simple, pero plagada de momentos contundentes. Zombie quiso ir más allá, introduciéndose al psique de Myers, replanteando al criminal, humanizándolo a través de su representación como enfermo mental.
Lamentablemente, los excesos por mostrar la psicología de Michael Myers, y la aparición desmedida (a la de a blanquillos) de la esposa del realizador, Sheri Moon Zombie, dejan de lado el potencial de uno de los personajes femeninos más emblemáticos de este tipo de cine, Laurie Strode, la media hermana de Myers, magistral y artísticamente concebido por Jamie Lee Curtis para la saga original. El mismo rol no lo ha logrado llevar a buen término, la joven actriz, Scout Taylor-Compton, quedándose relegada a la damisela en desgracia y gritona.
Ni que decir del antagonista de Myers, el Doctor Loomis, realizado anteriormente por Donald Pleasence, y ahora por Malcolm McDowell, que ha dejado de ser el ácerrimo rival, para convertirse en un ancianito gruñón, incapaz de detener a la máquina asesina.
Así, pese a que las dos versiones de Halloween de Rob Zombie han salido a flote en la taquilla, la compañía productora, Dimension Films, ya piensa en el sucesor del otrora músico, para que verdaderamente continúe el legado de sangre y víscera que un tal John Carpenter inició en 1978.
Cabe destacar el homenaje que, con su Halloween 2, hace Zombie a un filme destacadísimo, mezcla de los géneros de horror y musical, El show de terror de Rocky, como un elemento simpático y divertido, que bien vale el boleto.





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