El atleta más grande de los JO
Por Daniel Flores Chávez - 07/08/2008 - 12:21 amDeportes, Urbano, Cultura
Por sus venas corría sangre irlandesa, lo que le brindó un temperamento indomable, pero su alma era propiedad de milenarios espíritus que cimbraban su fortaleza convirtiéndolo en un ser inquieto, poderoso, armónico, casi sobre-humano. Jim Thorpe “el indio de hierro” nació el 28 de mayo de 1887 en Prague, Oklahoma, descendía, por parte de su madre, del grupo nativo Sac y Fox del clan del Trueno, lo que perfiló la visión de este gran deportista para la búsqueda de enaltecer sus capacidades, tanto físicas como espirituales, en pos de la excelencia, de la trascendencia y en sí, de darle un sentido a su existencia.
Su nombre indio era Wathahuck que significa “Camino Brillante”, mismo que siguió a lo largo de su carrera deportiva. En su adolescencia ingresó al equipo preparatoriano de fútbol americano “Carlisle Indian” donde demostró su potencial atlético en la posición de corredor de poder siendo seleccionado “All America” en 1911 y 1912. Practicó el deporte de las tacleadas desde 1903 hasta 1928 con diversos equipos colegiales, semi-profesionales y profesionales, se convirtió en campeón de la Unión Americana con los Bulldogs de Canton en 1916, 1917 y 1919, escuadra con la que no sólo actuaba como jugador, sino que además entrenaba. Fue nombrado en 1920 como primer presidente de la Asociación Americana de Fútbol Profesional, antecesora de la NFL.
A la par, jugó beisbol durante seis años, de 1913 a 1919, en las Ligas Mayores en la posición de jardinero con los equipos de Nueva York, Boston y Cincinnatti. Por si fuera poco, era el mejor en otros deportes como basketbol, lacrosse, golf, natación, remo, box y hockey, que no continuó practicando porque algunos le parecían aburridos, y otros, no le brindaban el espacio suficiente para desarrollar todas sus cualidades, no sólo como atleta, sino como persona, ya que gustaba de imbuir de confianza y solidaridad a sus compañeros o dirigidos.
Thorpe se convirtió en el atleta más distinguido de los Estados Unidos entre los años de 1910 hasta 1920, aunque era de carácter reservado, siempre abogó por los derechos de las minorías y las clases bajas, ya fueran indios, negros, latinos o europeos, quienes veían al hombre de hierro como un símbolo y estímulo para seguir sus propios senderos de excelencia. Sin embargo, los logros del heredero de los Sac y Fox no pararon ahí, él anhelaba competir contra los mejores del mundo y demostrar que estaba hecho para conseguir sucesos imposibles, milagrosos, ininteligibles. Antes de tomar la decisión de asistir a los Juegos Olímpicos de Estocolmo en 1912, Wathahuck tuvo una visión.
En ella caminaba por un bosque insondable sin más arma o refugio que su fuerza indómita y su esperanza. Pronto, en el sendero de luz blanca y brillante sobre el que cruzaba se topó con un gigantesco oso grizzly que sin más, se avalanzó sobre el indio. Lucharon a muerte durante horas, el poderoso rey de la floresta le asestó una herida mortal en el pecho a Wathahuck, éste, sintiéndose vencido, tiró un golpe en el rostro del oso, que de inmediato fue noqueado. Con su adversario caído, el hombre trató de curar su herida, más no lo conseguía, presintió que moriría. De pronto, el animal volvió a incorporarse y ante la mirada atónita del nativo, no lo atacó, sino que le lamió la zona sangrante.
Parecía que la saliva del oso era un bálsamo mágico que curaba su herida casi en su totalidad. Finalmente, el inmenso morador del bosque lo miró a los ojos. El indio sintió un vacío, una alerta, una anunciación de la caída después de la gracia. El oso se retiró apartándose del sendero brillante y se ocultó en lo más profundo de la tribu de árboles. Tras la visión, Thorpe creyó que algo difícil sobrevendría, pero tenía que cumplir su destino, y partió a Suecia.
Aunque la delegación norteamericana, en su mayoría compuesta por blancos, que participó en dicho evento no simpatizaba con los atletas negros e indios, tuvieron que quitarse el sombrero ante la proeza de Thorpe. Primero se adjudicó la medalla de oro en la segunda prueba más extenuante del atletismo, el pentatlón y días más tarde participó en la modalidad más ardua de los Juegos, el decatlón, y aunque se vaticinaba que fracasaría, el indio de hierro, haciendo acopio de su fe, de su estirpe y su raza despedazó a todos sus contrincantes para colgarse otra presea dorada. El propio rey de Suecia, Gustavo V, admirado por la fortaleza del deportista, bajó a felicitarlo y le dijo: “Señor, es usted el más grande atleta jamás visto por ojos humanos”.
Pero ese fue el principio de la tragedia. A los pocos días de su triunfo, el Comité Olímpico, encabezado por Coubertin no se tocó el corazón para despojarlo de sus medallas al comprobar que durante su época de estudiante cobró un sueldo por jugar beisbol en su escuela de Carlisle, situación que atentaba contra el amateurismo propuesto por el barón. Víctima del imperante racismo de los Estados Unidos, nadie protestó en su país, nadie lo defendió y lo dejaron a su suerte,. Jim Thorpe clamaba por justicia, vaticinando que con el tiempo los atletas no podrían llegar a la excelencia deportiva sin una cuota razonable que los ayudara a mantenerse.
También argumentó que en su nación las oportunidades para las minorías eran escasas, por lo que ganar dinero por practicar un deporte era un modo digno de ganarse la vida. Pero nada funcionó. Regresó a casa para seguir luciendo en los emparrillados y en el diamante, aunque en su alma, hasta el día de su muerte, continuo sangrando una herida que ningún bálsamo mágico pudo curar.
Falleció el 28 de marzo de 1953 pero su espíritu se engendró en su hija, Grace Thorpe o Notenoquah (nombre indio que significa Mujer de Viento) quien batalló durante años contra el Comité Olímpico hasta que en 1982 aceptaron su error y devolvieron a la familia de Thorpe las dos medallas olímpicas. Finalmente, se rendía tributo al más grande atleta de los Juegos Olímpicos, quizá, hasta ese día, el alma del indio de hierro logró culminar su sendero brillante. Entonces ingresó al insondable bosque donde ahora descansa en paz a lado del oso, curado ya de cualquier herida inmortal.



jaxon escribió:
¡Que historia tan bonita!. Habrá que ver ahora la cantidad de profesionales que participan en las olimpiadas. Por ejemplo las estrellas de la NBA en el basquetball, los de futbol (con ronaldinho, messi, etc.), los de tenis(Roger Federer, Rafael Nadal, etc.) y otros más, que obligan al resto de los deportistas(no tan famosos) a superarse continuamente.
Publicado 24 Ago 2008 - 9:50 am ¶